La verdad apenas estaba empezando a salir.
PARTE 3
A la mañana siguiente encontré a doña Lupita, la mujer que llevaba años trabajando en casa de Beatriz, esperándome al final del pasillo.
Tenía un termo entre las manos y parecía aterrada.
—Señora Mariana, ¿Emiliano está mejor?
—Sí. Ya respira por sí mismo.
La mujer se persignó.
Después miró hacia ambos lados.
—Necesito enseñarle algo.
Sacó su teléfono.
En la pantalla apareció una fotografía tomada desde la puerta de la cocina de la casa de Beatriz.
Mi suegra estaba frente a la estufa manipulando un pequeño recipiente con guantes. A un lado había una caja con el mismo logotipo que los investigadores habían encontrado registrado en una compra clandestina vinculada a Rodrigo.
No era prueba suficiente por sí sola.
Pero era una pieza más.
—¿Cuándo tomó esto?