—Dos noches antes del cumpleaños. Me pareció raro porque la señora nunca cocina. Cuando entré, me gritó que saliera. Después lavó todo durante casi una hora.
Doña Lupita comenzó a llorar.
—Ayer escuché que el niño estaba grave y me dio miedo haber visto algo importante.
Le tomé las manos.
—Hizo lo correcto.
Envié la fotografía a mi padre.
Con eso, sumado al audio, los movimientos bancarios y el reporte médico, los investigadores pudieron solicitar nuevas diligencias.
Horas después, Beatriz apareció en el hospital.
Ya no llevaba vestidos de diseñador ni el cabello perfectamente peinado.
Parecía no haber dormido.
—¡Mariana!
Su grito hizo que varias personas voltearan.
—¿Qué hiciste con las cuentas de Rodrigo?
Me levanté lentamente.
—Protegí lo que pertenece a mi hijo.
—¡Estás destruyendo a tu marido!
—¿Yo?
Beatriz se acercó.
—Rodrigo construyó esa empresa durante años. Tú no entiendes nada de negocios. Te dedicaste a quedarte en casa gastando su dinero.