Aquella frase habría conseguido hacerme llorar unos meses antes.
Ahora solo me produjo lástima.
—Entonces explícame algo —dije—. ¿Por qué una empresa tan exitosa depende de mis propiedades para conseguir crédito?
Beatriz abrió la boca.
No respondió.
—¿Y por qué hay gente buscando a Rodrigo para cobrarle deudas que yo jamás conocí?
Su rostro cambió.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
—No sé de qué hablas.
Decidí lanzar el anzuelo.
—Tienes razón. Tal vez estoy exagerando. Después de todo, Emiliano solo se enfermó justo después de que alguien contratara una póliza millonaria utilizando documentos con mi firma.
Beatriz palideció.
—¿Qué póliza?
Sonreí.
—Yo nunca dije que estuviera a nombre de Emiliano.
El error fue instantáneo.
—¡Claro que estaba a nombre de Emiliano! Rodrigo me dijo que…
Se detuvo.
Demasiado tarde.
—¿Rodrigo te dijo qué?
La mujer retrocedió.
—Estás confundida.