Las pruebas crecieron.
El informe toxicológico.
La cámara del salón.
La llamada con Beatriz.
La fotografía de doña Lupita.
Los documentos falsificados.
Los movimientos bancarios.
La computadora.
Y finalmente, su propia confesión.
Meses después llegó el juicio.
No sentí satisfacción cuando vi a Rodrigo entrar esposado.
Solo cansancio.
Beatriz se sentó varias filas detrás.
Durante todo el proceso intentaron culparse mutuamente.
Ella decía que simplemente había obedecido a su hijo.
Rodrigo aseguraba que su madre había diseñado el plan.
Las pruebas demostraron que ambos habían participado.
Fueron condenados por delitos relacionados con el intento de homicidio, fraude, falsificación y asociación para ejecutar el plan. Las penas acumuladas significaban que pasarían décadas privados de libertad.
Cuando terminó la audiencia, Rodrigo me pidió hablar conmigo.
Me negué durante semanas.
Finalmente acepté una sola visita.