Quería cerrar aquella puerta para siempre.
Lo encontré detrás de un vidrio.
Estaba mucho más delgado.
—Mariana —dijo tomando el teléfono—. Ayúdame.
No respondí.
—Puedo cambiar. Podemos reconstruir nuestra familia. Emiliano necesita a su papá.
Aquello me hizo sonreír por primera vez.
No de alegría.
De incredulidad.
—¿Ahora te acuerdas de que eres su padre?
Rodrigo bajó la cabeza.
—Cometí un error.
—Olvidar un aniversario es un error. Perder dinero puede ser un error. Intentar matar a tu hijo para cobrar un seguro es una decisión.
Empezó a llorar.
—Estaba desesperado.
—Emiliano también estaba desesperado. Tenía un año y no podía respirar.
Se quedó callado.
Entonces saqué un sobre.
—Hay algo más que deberías saber.
Su expresión cambió.
Durante nuestra investigación financiera había aparecido otra verdad.
Rodrigo mantenía desde hacía tiempo una relación con una mujer llamada Valeria. Había pagado durante meses la renta de un departamento y gastos de dos niños que ella aseguraba que eran suyos.