Tras casi una hora, la pala golpeó madera.
Héctor respiró con dificultad.
Apartó la tierra, encontró la tapa y tiró de ella.
El ataúd estaba vacío.
En el centro había únicamente un sobre blanco.
Lo abrió.
Dentro había una hoja escrita con la letra de Adriana.
“Te dije que regresaría.”
Héctor retrocedió.
—No…
Una luz se encendió a su espalda.
Adriana estaba de pie a unos metros, con ropa blanca sencilla y el rostro sin maquillaje.
Viva.
Héctor perdió el equilibrio y cayó sentado dentro de la fosa.
—No puede ser.
—Sí puede.
—Tú estabas muerta.
—No. Tú querías que estuviera muerta.
Héctor empezó a negar con la cabeza.
—Fue Lorena.
Adriana sintió algo quebrarse dentro de ella. Durante años había compartido una cama con ese hombre. Le había pagado estudios, le había dado un puesto, lo había presentado como socio cuando en realidad no confiaba en él para cerrar un balance. Y ahora, al verlo cubierto de tierra, no sintió amor, ni odio.