Héctor bajó la cabeza.
Esa misma madrugada, Lorena fue detenida.
En su departamento encontraron copias de documentos confidenciales, conversaciones con Javier y comprobantes relacionados con la sustancia utilizada contra Adriana. También hallaron mensajes en los que hablaba con Héctor de “subir la dosis” y de acelerar los trámites funerarios.
Javier entregó sus conversaciones con Lorena y quedó fuera del caso de envenenamiento, aunque su reputación empresarial terminó dañada.
El doctor Mauricio Beltrán terminó confesando que Héctor le había pagado para minimizar los resultados clínicos y certificar la muerte sin exigir estudios suficientes. La clínica lo suspendió y enfrentó un proceso separado.
El juicio tardó meses.
Adriana tuvo que escuchar detalles que habría preferido no conocer: cuánto había pagado Héctor, cuántas veces Lorena había aumentado la dosis, qué días habían discutido si debían esperar o terminar “de una vez”.