No le dije a mi mejor amigo que me iba cinco años porque me a-cu-só de pla-gio para proteger a otra mujer

Lo había hecho durante años.

Cuando viajaba.

Cuando veía algo extraño.

Cuando encontraba un perro ridículo en la calle.

Mi dedo se detuvo.

Su nombre ya no estaba en los contactos.Había borrado el número.

Me quedé mirando la pantalla.

Y lloré.

No durante horas.

No dramáticamente.

Unos minutos.

Después preparé café.

Me senté junto a la ventana.

Y seguí con mi día.

Aquello se convirtió en una costumbre.

No llorar.

Seguir.

La investigación contra Camila avanzó durante el primer mes.

El profesor Herrera me enviaba actualizaciones formales.

Yo respondía de forma estrictamente académica.

Nada más.

Descubrieron que había copiado fragmentos de tres estudiantes.

Dos eran míos.

El tercero pertenecía a una antigua alumna.

También había manipulado fechas de archivos y utilizado notas tomadas de cuadernos ajenos.

El caso dejó de ser una disputa personal.

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