El departamento le retiró temporalmente ciertas funciones de supervisión y registró una amonestación formal.
Él no apeló.
Cuando Lucía me lo contó, yo estaba preparando una presentación.
—¿No vas a decir nada?
—¿Qué debería decir?
—No sé.
—Antes habrías estado preocupada.
La miré a través de la videollamada.
—Antes hacía muchas cosas.
Lucía suspiró.
—Ha intentado preguntarme por ti.
—Ya me imagino.
—No le digo nada.
—Gracias.
—Tu madre sí.
Cerré los ojos.
—Por supuesto.
Mis padres seguían teniendo relación con la familia de Adrián.
Veinte años no desaparecían para
ellos solo porque yo hubiera decidido cortar.
Mi madre, especialmente, no entendía del todo.
—Él cometió un error —me dijo una vez por teléfono.
—Sí.
—Pero se conocen desde bebés.
—Sí.
—¿Vas a dejar que todo termine así?
Miré por la ventana de mi oficina.