Nadie respondió.
—Durante veintidós años han escuchado que Arturo me mantiene. Que yo soy una mujer inútil. Que no aporto nada a nuestra casa.
Miré a mi suegra.
—Incluso algunas personas aquí presentes me han llamado aprovechada.
Beatriz apartó la mirada.
—Pues bien, soy contadora y voy a explicarles unas cuantas cuentas.
Abrí la carpeta.
—Primero, esta fiesta. Arturo la organizó para demostrar lo exitoso que es. Pero el contrato está a mi nombre y el anticipo se pagó con mi dinero. El salón, las entradas, los músicos y el servicio inicial fueron cubiertos desde mi cuenta.
Mostré la documentación a Lorena, quien confirmó que yo figuraba como contratante.
Varias personas comenzaron a murmurar.
Arturo intentó interrumpirme.
—¡Eso no significa nada! ¡Somos esposos!
—Exactamente. Somos esposos. Por eso jamás entendí por qué necesitabas humillarme para sentirte importante.
Pasé a la siguiente hoja.
—Segundo, la tarjeta que acaba de ser rechazada. Arturo la usa desde que sus problemas financieros le impidieron conseguir crédito propio. Durante ocho años he pagado su gasolina, sus restaurantes, sus viajes y muchos gastos de su negocio.