Me enteré por una vecina de Graciela.
Al parecer, mi suegra pidió un préstamo en una financiera que anunciaba dinero rápido sin revisar demasiado el historial crediticio.
También utilizó dos tarjetas.
El salón no fue tan lujoso como planeaban, pero hubo vestido, fotógrafo, música, flores y más invitados de los que podían pagar.
No fui.
Tampoco permití que Camila asistiera.
Andrés apareció en varias fotografías sonriendo.
Una semana después me llamó.
—La boda fue un desastre.
No respondí.
—Mauricio se peleó con Fernanda durante la luna de miel. Mi mamá tiene encima las mensualidades del préstamo. Yo tengo que ayudarla.
—Eso es asunto de ustedes.
—Natalia, ¿cómo puedes ser tan fría?
Aquella palabra me hizo gracia.
Fría.
Había pasado años levantándome a las cuatro y media de la mañana para preparar desayuno.