—Yo no quería quitarte la casa.
—Tal vez no. Pero querías tener una herramienta para impedir que yo pudiera decidir sobre ella.
Teresa no negó nada.
Daniel se levantó de la mesa y caminó hacia la ventana.
—Toda mi vida sentí que te debía algo —dijo sin voltearse—. Por las joyas que vendiste cuando yo tenía aquella deuda. Por trabajar de más para ayudarme. Cada vez que Mariana me pedía que te pusiera un límite, yo sentía que te estaba traicionando.
Teresa comenzó a decir su nombre.
Él levantó una mano.
—Déjame terminar. Yo permití muchas cosas por culpa. Permití que trataras a mi esposa como invitada en su propia casa. Permití que Sofía aprendiera a esconder comida. Y ahora me entero de que mientras yo te defendía, tú estabas preparando esto.
No gritó.
Eso hizo que doliera más.