PARTE 2 / Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

Solo estaba preocupada por perder el acceso al dinero.

—Tú me dijiste que necesitabas ese préstamo porque te iban a embargar —susurró.

—Y lo necesitaba.

—Dijiste que ibas a devolverlo.

Rebeca levantó los hombros.

—No fue posible.

—Vendiste el departamento que compraste con ese dinero.

—Era mío.

Alejandro apretó los puños.

—¿Dónde está el dinero de la venta?

Rebeca no respondió.

Su silencio fue suficiente.

Alejandro tomó su teléfono y llamó a Valeria.

La llamada se fue directamente al buzón.

Volvió a marcar.

Bloqueado.

Intentó desde el teléfono de Rebeca.

Esta vez Valeria respondió.

—¿Bueno?

Alejandro respiró con fuerza.

—¿Dónde estás?

—Eso ya no es asunto tuyo.

—Tenemos que hablar.

—No.

—Valeria, lo de esta mañana fue un error.

Ella guardó silencio durante unos segundos.

—Un error es derramar el café al mover la mano. Tú levantaste la taza, me miraste y la lanzaste.

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