—Todavía no podemos establecer el total definitivo. Pero hay movimientos que merecen una revisión independiente.
Me apoyé en el respaldo de la silla.
Mi hermano había estado a mi lado durante veinte años. Había participado en reuniones, negociado con bancos y representado a nuestra familia frente a inversores.
Si había utilizado nuestra empresa para enriquecerse, no se trataba solamente de una traición familiar.
Era una amenaza para todos los que dependían de ella.
—Quiero una auditoría completa —dije—. Y quiero que todo se haga dentro de la ley.
La abogada asintió.
—Entonces, por ahora, no lo confronte. Si existen documentos relevantes, debemos asegurarnos de que se conserven y de que la investigación sea independiente.
Pero Lorenzo no esperó a que termináramos.
A las ocho de la noche, mi teléfono recibió un mensaje suyo.
«Tenemos que hablar. Alina está confundida por su enfermedad. No permitas que destruya nuestra familia con acusaciones absurdas».