La puerta estaba cubierta de óxido.
En el centro había una cerradura antigua.
Ana sacó la llave de plata.
La introdujo.
Giró.
Y escuchó un clic.
La puerta se abrió lentamente.
Dentro había herramientas viejas.
Estanterías rotas.
Sacos vacíos.
Nada extraordinario.
Pero en la pared del fondo había una placa de hierro.
Ana se acercó.
El mismo símbolo.
El círculo.
Las tres líneas.
Nikola examinó la placa.
—Parece cubrir un compartimento.
Con cuidado, comprobaron que la estructura no presentara un peligro inmediato.
Después solicitaron ayuda para abrirla sin dañar posibles
pruebas.
Detrás apareció una pequeña caja metálica.
Dentro había documentos.
Fotografías.
Y una libreta de cuero.
Ana reconoció inmediatamente el nombre escrito en la portada.
ELENA MARKOVIĆ.
Aquella noche, en un alojamiento temporal que el municipio había ayudado a conseguirle, Ana abrió una copia digital de las primeras páginas de la libreta.