—Tenía diecisiete años cuando se marchó. Algunos decían que había escapado. Otros, que alguien se la llevó.
—¿Nunca regresó?
—No que yo sepa.
Ana miró sus manos.
La carta decía que Elena había esperado durante cuarenta años.
Quizá la había escrito mucho después de que
su hija desapareciera.
—¿Viktor sigue vivo?
Milena guardó silencio.
Después respondió:
—Murió hace cinco años.
Ana sintió un pequeño alivio.
Pero la anciana añadió:
—Su hijo todavía vive en la ciudad.
—¿Cómo se llama?
Milena la miró directamente.
—También se llama Viktor.
Ana regresó a la casa antes del anochecer.
El camino parecía más largo que nunca.
Cada árbol proyectaba sombras extrañas.
Cuando finalmente llegó, notó algo que la hizo detenerse.
La puerta principal estaba entreabierta.
Estaba segura de haberla cerrado.
Su corazón comenzó a latir violentamente.