PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

—Era el único que tenía.

Raymond apretó la mandíbula, pero no hizo ningún comentario cruel sobre Spencer.

En cambio, le ofreció el brazo.

—Ven. Tenemos una gala a la que asistir.

Phoebe lo miró sorprendida.

—No puedo presentarme así.

—¿Así cómo?

—Con este vestido.

Raymond contempló la tela azul marino.

—Tu madre lo habría considerado precioso.

Phoebe bajó la mirada.

Su madre había muerto cuando ella tenía veintidós años. Antes de morir, le había pedido que nunca confundiera la riqueza con la dignidad.

Por primera vez en mucho tiempo, Phoebe sintió que podía escuchar su voz con claridad.

—De acuerdo —dijo—. Vamos.

No se cambió de vestido.

No se puso joyas prestadas.

No pidió que alguien la transformara en una mujer irreconocible.

Salió de la casa tal como estaba.

Y su padre la acompañó hasta el automóvil.

 

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