PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

No mirar el móvil en su cocina.

No decir “otro día” si puedo decir “hoy”.

Cuando terminé, le pasé la libreta.

Mi madre leyó en silencio.

Se limpió una lágrima antes de que cayera del todo.

“Esto es mucho.”

“No. Mucho fue lo que hiciste tú.”

Ella cerró la libreta.

“Yo hice lo normal.”

“No, mamá. Tú hiciste casa.”

No sé por qué esa frase la hizo llorar.

Quizá porque nadie se lo había dicho nunca.

Esa noche cenamos tortilla francesa y sopa que había sobrado.

Después llamé a mi hija, Clara.

Tenía quince años.

Vivía conmigo algunos días y con su madre otros.

Le conté que estaba en Valladolid con la abuela Pilar.

“¿La yaya está bien?”, preguntó.

“Sí. Pero creo que hemos estado un poco lejos.”

Hubo silencio al otro lado.

Luego Clara dijo:

“Papá, tú siempre estás ocupado.”

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