Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

Detrás de él había una ventana desde la que se veía el mar.

Junto a su rostro, alguien sostenía una hoja de papel.

En ella aparecía mi nombre completo.

Y debajo, una frase escrita en letras mayúsculas:

ELLA ES LA SIGUIENTE.

Laura llamó inmediatamente a un contacto suyo para solicitar orientación sobre cómo preservar los mensajes y evaluar la amenaza. Me pidió que no respondiera al remitente y que no viajara sola ni intentara encontrar a Ricardo por mi cuenta.

Yo apenas la escuchaba.

No sabía si mi esposo estaba en peligro, si todo era una trampa o si alguien intentaba obligarme a entregar la llave.

Pero una cosa estaba clara: había personas dispuestas a utilizarme para conseguir algo que mi padre había protegido hasta el último momento.

Esa noche regresé a casa acompañada.

Cambié las contraseñas de mis cuentas personales, guardé las copias de los documentos y dejé los originales bajo custodia de mi abogada. También solicité orientación al banco para reforzar la protección de los fondos y revisar cualquier autorización vinculada a Ricardo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *