La niña continuó:
—Esa noche yo estaba escondida debajo de mi cama porque habíaescuchado una discusión.
Méndez acercó una silla.
—Siéntate, pequeña. No tienes que apresurarte.
Salomé obedeció.
—Mi papá estaba discutiendo con un hombre.
—¿Recuerdas quién era?
La niña asintió.
—Sí.
Todos contuvieron la respiración.
—Era el tío Esteban.
Ramira sintió que las piernas le fallaban.
Esteban Fuentes.
El hermano menor de Alejandro.
El mismo hombre que había testificado contra ella durante el juicio.
El mismo que, después de su condena, había obtenido la custodia temporal de Salomé.
—Eso es imposible —susurró Ramira.
Salomé comenzó a llorar.
—Mamá, él me dijo que si hablaba, nunca volvería a verte.
Méndez se puso de pie lentamente.
—Necesito hablar inmediatamente con el fiscal y con el abogado de la señora Fuentes.
Uno de los guardias miró su reloj.