Quién camina contigo

“Hija, soy Rubén. Ernesto me dijo que te llaman a las 6:12. Ahí estaréParte 4. El sobre del cajón

El jueves amaneció gris. Camila salió temprano a la escuela con la bolsa deportiva y el jersey guinda doblado dentro, sin desayunar y sin mirarme. La noche anterior, después del mensaje, solo había dicho que no sabía qué sentir y había metido el teléfono debajo de la almohada, como quien esconde algo que quema. Yo no pegué los ojos. A las siete, después de dejar a Mateo en la escuela, crucé el patio con las palabras de Rubén martillándome en la cabeza y una furia fría que nunca había sentido contra mi esposo.

Ernesto estaba abriendo la bodega, con su chaleco de trabajo, el mismo de siempre, con el bolsillo del pecho desgastado de tanto meter y sacar la libreta. Me vio venir y creo que supo, antes de que yo hablara, a qué iba. “Julia, buenos días…” “Enséñame el sobre.” No levanté la voz. “El del cajón. El que anoche era una factura.” Se quedó quieto con la llave en la mano. En el techo de lámina, unos gorriones se peleaban por algo. Luego bajó los hombros, como un costal al que le sueltan la cuerda.

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