—Me repetía todas las noches: “Mi mamá va a venir. Mi mamá les va a hacer la vida miserable a todos” —me susurró al oído, limpiándome las lágrimas con su pulgar—. Yo habría llegado arrastrándome a ti. Cuando dejaron la puerta mal cerrada, le susurré al perro que corriera a buscarte.
—Y llegó, mi amor. Llegó.
Las semanas siguientes trajeron la justicia que la sierra exigía. Vicente y sus matones terminaron en el penal de máxima seguridad, enfrentando cargos por secuestro, incendio intencional y fraude millonario. Los directivos de la empresa también cayeron. Mauricio aportó las pruebas, pero Valeria le pidió el divorcio de inmediato; su destino lo decidiría un juez, pero ella jamás le perdonaría su cobardía. A Mateo lo reinstalaron en su puesto con honores, y hasta el Comandante Salgado tuvo que tragar su orgullo y pedirme una disculpa pública en la plaza del pueblo.