“Mamá, Mauricio no está solo. Alguien de tu entera confianza está moviendo los hilos. No le digas nada a él. Te amo más que a ese maldito terreno”, dijo Valeria antes de que la pantalla se apagara.
El coraje me quemaba las entrañas. Estaba dispuesta a ir a buscar a ese infeliz y destruirlo con mis propias manos. Pero justo cuando íbamos a salir, tres patrullas llegaron derrapando a mi casa. El comandante se bajó, me miró con desprecio y sacó unas esposas. El verdadero infierno apenas comenzaba, y el giro que estaba a punto de dar esta historia me dejaría sin aliento. Mauricio me había denunciado a mí… y tenían pruebas. Tienen que leer el desenlace de esta pesadilla.
PARTE 3
—Carmen Velázquez, queda bajo investigación por la desaparición de su hija, Valeria —sentenció el Comandante Salgado, un hombre corpulento de cabello canoso que conocía desde hace treinta años—. Entregue el arma de su difunto esposo.