Mariana decidió no retirar la denuncia, pero tampoco pidió prisión preventiva. Quería protección, devolución del dinero y que quedaría un antecedente legal.
Un juez dictó una orden que prohibía a mi madre ya Rogelio acercarse a ella oa Valentina. Rogelio vendió la camioneta y comenzó a devolver lo sustraído. La falsificación quedó bajo proceso, y el supuesto psicólogo resultó ser un conocido suyo que nunca había evaluado a Mariana.
La justicia no borró el daño, pero puso un límite que nadie en la familia volvió a cuestionar.
Yo pedí seis meses de licencia en la dirección general. Mariana y Valentina, en aquel momento, me necesitaban presente.
Contratamos una enfermera, una terapeuta especializada en trauma y una trabajadora del hogar elegida por Mariana. Cambiamos cerraduras, retiramos la recámara de mi madre y transformamos ese espacio en un cuarto luminoso para terapia y lectura.