Un millonario vio a una madre gastar sus últimas monedas en su hija… y tomó una decisión inesperada

Al terminar, Arturo se arrodilló frente a ella.

—Tengo que preguntarte algo.

Lucía se puso seria.

—¿Qué?

—Tu mamá y yo somos oficialmente una familia.

La niña asintió.

—Pero quiero saber si algún día te gustaría que yo también fuera oficialmente tu papá.

Lucía lo miró.

Arturo continuó rápidamente:

—Eso nunca cambiaría quién fue tu padre. Diego siempre será tu papá. Siempre tendrá su lugar.

Lucía ya estaba llorando.

—Pero si tú quieres, me gustaría adoptarte.

La niña se lanzó sobre él.

—Sí.

Arturo cayó ligeramente hacia atrás por el abrazo.

Lucía apretó todavía más fuerte.

—Sí quiero.

Arturo cerró los ojos.

Durante años había pensado que sus momentos más importantes habían ocurrido en salas de juntas.

El día que consiguió su primer gran cliente.

El día que compró su primera casa.

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