El día que vio crecer su empresa.
Ahora entendía lo equivocado que había estado.
Años después, cuando alguien le preguntaba cuándo había cambiado su vida, Arturo siempre recordaba la misma imagen.
Una mujer contando monedas.
Una niña frente a un plato de hotcakes.
Y una madre diciendo:
“Yo ya comí”.
Cada Nochebuena, Arturo, Elena y Lucía regresaban a aquella pequeña cafetería.
Siempre pedían hotcakes.
Siempre buscaban, si estaba libre, la misma mesa donde Arturo había estado sentado solo.
Cuando Lucía cumplió quince años, regresaron una vez más.
Ya no era aquella niña con mochila pequeña.
Era una adolescente tranquila, observadora y bastante buena para detectar cuando Arturo intentaba ponerse sentimental.
Elena miró alrededor.
—¿Alguna vez piensas qué habría pasado si no hubiéramos entrado aquí aquella noche?
Arturo sonrió.
—Constantemente.
Lucía levantó una ceja.