Un padre llegó cansado del trabajo y una vecina le soltó la frase que le heló la sangre: “usted no sabe lo que pasa ahí adentro”; esa noche empezó a descubrir la pesadilla

Lucía apretó las manos hasta ponerse los nudillos blancos.

—Me están molestando en la escuela.

La palabra “molestando” le quedaba chica a lo que empezó a contar.

Primero le escondían la mochila. Luego le rayaron los cuadernos. Después aparecieron notas en su banca: “das asco”, “nadie te quiere aquí”, “lárgate”. Una vez encontró tachuelas dentro de sus tenis. Otra, editaron una foto suya y la pasaron por grupos de WhatsApp de la prepa. Nadie la defendía. Algunos se reían. Otros solo fingían no ver.

—¿Quién? —pregunté.

Lucía tragó saliva.

—Nayeli Ríos.

El apellido me golpeó como una piedra, pero todavía no quise entender.Verónica llegó media hora después. Al vernos, supo que algo grave había pasado. Nos sentamos los tres en la sala. Lucía habló más. Dijo que Nayeli no actuaba sola, pero todos le obedecían porque su mamá era maestra en la escuela: la profesora Alma Ríos.

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