Un padre llegó cansado del trabajo y una vecina le soltó la frase que le heló la sangre: “usted no sabe lo que pasa ahí adentro”; esa noche empezó a descubrir la pesadilla

—Fui con ella —dijo Lucía—. Le conté todo.

—¿Y qué hizo? —preguntó Verónica.

Lucía soltó una risa seca.

—Me dijo que su hija jamás haría eso. Que yo seguramente quería llamar la atención.

Verónica se tapó la boca. Yo sentí una rabia vieja subiéndome al pecho.

—Después Nayeli se enteró de que fui a acusarla —siguió Lucía—. Y todo empeoró.

Inventaron que Lucía acosaba a un compañero. Abrieron un perfil falso con su nombre. En los pasillos le decían “loca”, “intensa”, “mentirosa”. La enfermera ya la conocía porque llegaba con dolor de estómago, mareos, ataques de llanto. Y yo, mientras tanto, estaba cargando bultos de cemento convencido de que mi casa seguía en orden.

—¿Por qué no nos dijiste? —preguntó Verónica, llorando.

Lucía la miró con una tristeza que nos desarmó.

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