Alejandro tomó su mano.
—Nos ayudamos mutuamente.
—Yo necesitaba una oportunidad.
—Y yo necesitaba una razón.
Quince años después de aquella noche, Alejandro volvió a encontrarse en la fila de un supermercado.
Esta vez no estaba solo.
Sofía, ya con dieciocho años, caminaba junto a él empujando un carrito lleno de cosas para la universidad.
Había conseguido una beca completa gracias a sus calificaciones.
Alejandro había intentado explicarle que podían pagar los estudios sin problema.
Sofía respondió que eso no tenía nada que ver.
—Me gané la beca.
Alejandro reconoció inmediatamente el tono.
Era exactamente el mismo que usaba Mariana.
Mientras esperaban para pagar, Sofía lo miró.
—Papá.
Alejandro todavía sentía algo especial cada vez que ella lo llamaba así.
—¿Qué?
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos?
—De cada detalle.
—Yo tenía tres años.