Una madre devolvió la leche de su bebé por falta de dinero… y un desconocido cambió sus vidas para siempre

—Y muchas opiniones.

—Sigo teniendo muchas opiniones.

—Eso es cierto.

Sofía sonrió.

—Te pregunté si ayudabas a la gente.

Alejandro asintió.

—Y yo dije que estaba intentando aprender.

—Creo que aprendiste.

Él miró a la joven que tenía delante.

Por un instante volvió a ver a la niña del vestido azul, preocupada porque su hermanita pudiera tener hambre.

—Tú también me ayudaste.

Sofía frunció el ceño.

—Yo tenía tres años.

—Precisamente.

—¿Qué pude haber hecho?

Alejandro sonrió.

—Me preguntaste si era una persona que ayudaba.

Miró las cajas registradoras.

—Yo llevaba mucho tiempo preguntándome para qué servía todo lo que había conseguido. Tú me hiciste una pregunta mucho más importante.

Sofía guardó silencio.

—Me diste una familia cuando pensaba que nunca volvería a tener una.

Los ojos de ella se humedecieron.

—Tú nos diste una también.

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