Después de recuperar completamente la posesión del inmueble, regresé con mi abogada y documentación sobre el origen del dinero.
Cuando vi los lingotes apilados comprendí cuánto había robado Mauricio a mi futuro.
Durante años me había dicho que la empresa no generaba dividendos.
Que debíamos ser pacientes.
Que reinvertir era lo más inteligente.
Mientras tanto, él transformaba mi dinero en un tesoro secreto para comenzar otra vida con su amante.
Pasé una mano por el metal frío.
Ya no sentí tristeza.
Solo una especie de vacío.Había amado a aquel hombre.
De verdad.
Y probablemente esa había sido la parte más difícil de aceptar.
No que me hubiera engañado.
Sino que durante años yo había amado una versión de Mauricio que nunca existió.
Unos meses más tarde nació mi hija.