5. Fui al banco a sacar 11 millones 600 mil pesos para comprar el edificio de mis sueños, pero mi esposo ya estaba allí con mi suegra disfrazada de mí, usando mi cabello y mi identificación robada. “Solo falta decir la contraseña”, le susurró él. Me coloqué tranquilamente detrás de ambos. Cuando escuché aquella palabra que inventamos el día que nos casamos, entendí hasta dónde llegaba su traición…

—Necesito comprar ese edificio hoy, pero mis cuentas permanecerán bloqueadas hasta mañana.

Ricardo guardó silencio.

—Podríamos proponer una promesa de compraventa ante notario, condicionada al pago de mañana, si el propietario acepta.

—Prepara los documentos.

—Mariana, la otra compradora tiene dinero disponible. Necesitamos ofrecer una garantía convincente.

Miré hacia el cielo gris.

—Ofreceré el equipo de mi taller como garantía contractual. Si incumplo, asumiré una penalización que podamos documentar legalmente.

—¿Estás segura?

—Ese edificio no es solamente un negocio. Es la oportunidad de dar trabajo a muchas mujeres.

Después llamé a doña Ofelia, mi maestra de oficio, que llevaba doce años trabajando conmigo.

—Necesito encontrar a Lucía.

—Sabía que acabaríamos buscándola —respondió—. Su mamá me dijo que pretendía irse a casa de unos familiares. Voy a averiguar dónde está.

Una hora después, mientras conducía hacia la notaría, recibí otra llamada.

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