5. Fui al banco a sacar 11 millones 600 mil pesos para comprar el edificio de mis sueños, pero mi esposo ya estaba allí con mi suegra disfrazada de mí, usando mi cabello y mi identificación robada. “Solo falta decir la contraseña”, le susurró él. Me coloqué tranquilamente detrás de ambos. Cuando escuché aquella palabra que inventamos el día que nos casamos, entendí hasta dónde llegaba su traición…

—La encontré en la Central Nueva de Autobuses —anunció Ofelia—. Estaba por subirse a un camión hacia León.

Me pasó a Lucía.

La muchacha lloraba tan intensamente que apenas podía hablar.

—Señora Mariana, yo robé la trenza.

Apreté el volante.

—Ya lo sospechaba.

—Mi mamá también metió sus ahorros en Orquídea Capital. Nos dijeron que habíamos perdido todo y después comenzaron a cobrarnos una deuda que ni siquiera entendíamos.

Lucía hizo una pausa.

—Doña Elvira prometió ayudarnos si yo le entregaba su trenza.

Sentí una punzada de dolor.

—¿Y la peluca?

—La hice en su casa, durante las noches. Ella me obligó a terminarla rápido.

—¿Robaste también mi identificación?

—No. Eso lo hizo doña Elvira en el teatro. Yo la vi salir del palco con su bolsa. Después me amenazó para que guardara silencio.

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