Lucía comenzó a llorar nuevamente.
—Bordé la flor roja adentro porque quería que, si algún día usted encontraba la peluca, supiera que yo la había hecho.
Cerré los ojos un instante.
—Necesito que me digas algo más. ¿Inés estuvo presente cuando prepararon el disfraz?
La respuesta llegó casi en un susurro.
—Sí. Fue a revisar cómo había quedado la peluca. Después habló con doña Elvira en la cocina. Yo escuché todo.
—¿Qué dijeron?
—Doña Elvira preguntó qué pasaría si el banco rechazaba la operación. E Inés se rio. Dijo que daba igual, porque el intento bastaría para congelar sus cuentas y entonces ella compraría el edificio.
Por fin tenía la pieza que faltaba.
—Lucía, vas a tener que responder por lo que hiciste. Pero también puedes impedir que esas mujeres sigan aprovechándose de otras personas. Necesito que declares la verdad.