—Tengo miedo.
—Lo sé. La valentía no consiste en no tener miedo. Consiste en decidir qué hacer a pesar de él.
Doña Ofelia tomó nuevamente el teléfono.
—Nos vemos en la notaría, hija. Yo la llevo.
Cuando llegué faltaban diez minutos para las tres.
Inés ya estaba sentada en la sala de espera, junto a un abogado elegantemente vestido.
Sobre la mesa había una carpeta bancaria y un anuncio publicitario.
Reconocí el dibujo del edificio.
Encima aparecía un nombre nuevo: Salón Inés, Centro de Belleza Exclusivo.
Quería destruir los antiguos talleres para convertirlos en una sucursal de su negocio.
—Llegas tarde a tu propia derrota, Mariana —comentó sonriendo.
No contesté.
Don Salvador estaba junto a la ventana, con su vieja cinta métrica colgada al cuello.
Me acerqué.
—No puedo transferirle hoy. El banco bloqueó mis cuentas porque alguien intentó robarme.