—Salvador y yo estuvimos comprometidos —confesó—. Yo trabajaba en su taller de maquillaje. Pero lo abandoné porque conocí a un hombre que tenía más dinero.
Miró alrededor.
—Durante toda mi vida desprecié a las personas que trabajaban con sus manos. Pensé que el lujo me haría importante.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Y terminé robándole a una mujer que construyó con sus manos todo lo que yo nunca pude conseguir.
Inés se levantó de golpe.
—¡Esta señora está involucrada en un fraude! ¡No pueden creerle!
—Precisamente por eso he venido a declarar —respondió doña Elvira.
Se volvió hacia todos.
—Inés controla Orquídea Capital. Me convenció de invertir, después me endeudó y finalmente me ofreció perdonar parte de mis obligaciones si ayudaba a perjudicar a Mariana.
Inés comenzó a negar con la cabeza.
—¡Mentira!
—Me dijo que no importaba si conseguíamos sacar el dinero. Lo importante era bloquear las cuentas antes de la compra.