5. Fui al banco a sacar 11 millones 600 mil pesos para comprar el edificio de mis sueños, pero mi esposo ya estaba allí con mi suegra disfrazada de mí, usando mi cabello y mi identificación robada. “Solo falta decir la contraseña”, le susurró él. Me coloqué tranquilamente detrás de ambos. Cuando escuché aquella palabra que inventamos el día que nos casamos, entendí hasta dónde llegaba su traición…

En ese momento entraron Ofelia y Lucía.

La muchacha confirmó lo que había escuchado durante la confección de la peluca.

Después entregó mensajes donde doña Elvira le había indicado cuándo debía ir al departamento, cómo terminar el disfraz y qué debía ocultar.

Inés intentó interrumpirla.

Pero su propio abogado cerró la carpeta.

—Señora Inés, no puedo continuar representándola en esta operación sin aclarar estos hechos.

Salió de la sala.

Inés quedó sola.

Don Salvador observó el anuncio de aquel salón de belleza que pretendían construir en sus talleres.

Después lo dobló y lo dejó sobre la mesa.

—No voy a tomar una decisión sobre mi propiedad bajo la presión de una maniobra fraudulenta —declaró.

Miró a la notaria.

—Quiero revisar la promesa de compraventa que propone Mariana.

Inés protestó.

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