Chapter 2: La mujer que Orión esperaba

Dante se quedó inmóvil. Orión, bajo la mesa, apoyó el hocico en mi rodilla y después, por primera vez, rozó la bota de Dante sin gruñir. Fue un segundo. Bastó para que a Dante se le quebrara la respiración.

—Mi madre está viva —dijo.

—Viva y encerrada —respondió Mateo—. Y la niña acaba de cruzar esa reja. Si llaman a la puerta como visita de familia, Lorenzo los recibe con abogados. Si esperan al juez sin un testigo, él dirá que Elena es su pupila y que Olivia es una enferma que confunde perros con parientes.

En la calle, el teléfono de Dante volvió a sonar. No contestó. En la pantalla, el nombre de Lorenzo brilló hasta apagarse. Un mensaje quedó escrito debajo, breve, suficiente para helarnos la mesa.

El juez ya tiene mi versión. Traigan a la camarera o pierdan a las dos.

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