Chapter 2: La mujer que Orión esperaba

Mateo empujó hacia mí una servilleta donde había anotado una hora y una puerta lateral de la casa.

—No sé cuánto más puedo hablar —dijo—. Pero si Orión pasa esa puerta, Valentina va a saber que la hija pequeña volvió. Y Lorenzo no podrá convencer a una madre de que está loca cuando el perro de Isabella se siente a sus pies.

No entramos en la casa aquella noche.

Inés Salvat nos lo prohibió con una voz que no admitía héroes. Estábamos en su oficina, con las luces bajas y Orión echado sobre mis pies como una ancla. La abogada leyó la servilleta de Mateo, la carta de Isabella y el mensaje de Lorenzo, y negó con la cabeza.

—Si cruzan esa reja sin una orden, Lorenzo graba una invasión y mañana Olivia no es una hermana recuperada. Es una intrusa. Valentina se queda donde está y Elena también. Me duele decirlo. Es la verdad que sirve.

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