Chapter 2: LAKA RAVERDADERA DUEÑA DEL IMPERIO

No dormí. A las cuatro de la mañana leí los documentos otra vez. El capital inicial. El fideicomiso. Mi nombre, Evelyn Carter. La solicitud donde ese nombre estaba tachado con una raya azul y, debajo, Caroline Carter, con una firma que imitaba la mía en la inclinación, no en la paciencia. Mi padre escribía que la prisa es la hermana de la mentira. Quien hubiera falsificado aquella rúbrica tenía prisa.

A las siete, Helena Duarte llegó antes que el sol pleno. Era una mujer de cincuenta años, abrigo oscuro, voz clara, sin una sola joya que compitiera con lo que tenía que decir.

—No vamos a perseguir fantasmas —dijo, sentándose—. El parte médico de su padre describe la enfermedad que la familia ya conocía. No hay, en lo que hemos visto, un crimen sobre su muerte. Hay otra cosa, y es suficiente: un intento de quitarle el fideicomiso con un papel que usted no firmó, y transferencias de fondos de Vale hacia una empresa registrada a nombre de Vanessa Quinn. La junta pidió la auditoría porque los números no cierran, no porque Richard quiera teatro.

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