Chapter 2: LAKA RAVERDADERA DUEÑA DEL IMPERIO

El domingo olía a lluvia y a papel. En el comedor de Richard, Helena había convertido la mesa en un mapa: la solicitud con mi nombre tachado, la fotografía frente al consultorio, el borrador del doctor Kerr, la lista de transferencias a Quinn Lane y la bolsa donde dormía la voz de mi padre.

—No vamos a explicar cómo se imita una firma —dijo Helena—. Vamos a mostrar que esta no es
la suya. El perito compara trazos. El notario recuerda caras. Usted recuerda dónde estaba. Eso es todo.

El notario se llamaba Óscar Beltrán. Llegó con el paraguas mojado y la memoria en orden. Había dado fe de un documento «de familia Carter» una tarde en que Caroline fue sola, dijo que su hermana llegaría enseguida y luego presentó una autorización ya firmada. Él no protocolizó el cambio del fideicomiso. Se negó cuando el sello del médico no estaba completo. Anotó la negativa en su libro, y esa línea aburrida era ahora una de nuestras mejores armas.

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