Volví a ponerme vestidos pegados, no para gustarle a nadie, sino para recordar que mi cuerpo no era solo herramienta de cuidado.
También empecé un curso de auxiliar de enfermería.
La primera clase lloré en el baño.
Pensé que odiaría todo lo relacionado con cuidar.
Pero no.
Lo que odiaba era cuidar sin respeto.
Cuidar sin descanso.
Cuidar a quien se burlaba de mis manos mientras dependía de ellas. Anatomía
La maestra habló del colapso del cuidador y yo sentí que estaba leyendo mi historia en voz alta.
No levanté la mano.
Todavía no.
Pero escribí en mi libreta:
“Yo no fui enfermera gratis. Fui una mujer explotada que aprendió tarde a cobrarse con libertad.”
Tiempo después recibí una carta de Esteban.
La mandó desde el centro.
No la abrí en cuanto llegó.
La dejé tres días sobre la mesa. Astronomía