El día que firmé el divorcio, mi esposo se rio y dijo: “Ahora tú pagarás la vida de mi amante y de nuestro hijo”. Me exigió la mansión, la camioneta y los 65 mil pesos mensuales para su madre. Acepté separarme sin discutir y llamé discretamente a mi abogado. Cuando regresó con su amante y el bebé, descubrió que no tenía llaves, dinero ni idea de los documentos que estaban por llegarle.

Sentí una mezcla de indignación y tristeza.

—Nunca humillé a Rodrigo por su salario. Lo que me dolía era que mintiera, gastara sin consultar y me tratara como si trabajar fuera un defecto.

Daniela permaneció callada.

Luego comenzó a llorar.

—Hay algo que tengo que confesarte.

Julián y yo intercambiamos una mirada.

—Antes de conocer a Rodrigo tenía una relación con Iván. Nunca terminamos completamente. Él estaba endeudado y yo creí que Rodrigo podría ayudarme.

—¿Qué tiene que ver eso con tu embarazo?

Daniela apretó las manos contra su vientre.

—No estoy segura de quién es el padre.

El silencio llenó la habitación.

—Rodrigo cree que el bebé es suyo —murmuré.

—Lo sé.

—¿Y lo dejaste abandonar su matrimonio utilizando a ese niño como excusa?

Daniela empezó a llorar con mayor fuerza.

—Tenía miedo de que me dejara. Su mamá hablaba de una mansión, una empresa enorme y de que mi hijo nunca pasaría necesidades.

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