El secreto en el pasillo de servicio: lo que ocultaba la toalla

Aquella noche, durante la cena de gala para celebrar nuestro compromiso, comencé a sentir mareos intensos y un ardor metálico en la garganta tras probar la copa de vino de honor. Héctor insistió en que me retirara a descansar a la habitación de invitados, alegando que el estrés de la boda me estaba pasando factura.

Pero lo que encontré al entrar a ese baño no fue un simple refugio para refrescarme.

(Continúa leyendo en la siguiente página)

Al abrir el grifo para lavarme la cara, el agua tibia comenzó a estancarse en el lavabo. Al intentar retirar el tapón metálico para que drenara, mis dedos tropezaron con algo sólido atascado en el fondo de la tubería.

No eran cabellos ni residuos de jabón.

Envuelto en una gasa plástica impermeable había un pequeño frasco cuentagotas con una etiqueta manuscrita en clave alfanumérica y dos jeringas dosificadoras vacías. El líquido residual era incoloro, pero despedía el mismo e idéntico aroma dulzón y amargo que había impregnado mi copa media hora antes.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *