—Estás exagerando.
—Si vuelve a suceder, pediré que no permanezca sola contigo.
Esa noche Mauricio llamó.
—Mi mamá estaba preocupada. No quiso asustar a Camila. ¿De verdad tenemos que volvernos enemigos?
—No somos enemigos.
Se quedó callado.
Después dijo:
—Empecé terapia.
—Qué bueno.
—El psicólogo dice que tengo la costumbre de culpar a otros cuando siento miedo.
—Entonces escúchalo.
—¿Quieres venir conmigo a una sesión?
—No.
—¿Por qué?
Mi respuesta salió sin enojo.
—Porque tu cambio ya no puede convertirse en otro trabajo que yo tenga que hacer por ti.
En la primera audiencia Mauricio no quiso aceptar el divorcio.
Afirmaba que el matrimonio todavía podía salvarse.
Nosotros presentamos la evidencia.
Las transferencias.
Los hoteles.
Los préstamos.
Los documentos sobre las propiedades.
Los mensajes.
La intención de vender la casa.
Las grabaciones.
También se explicó lo ocurrido la noche de su hospitalización. No para castigarlo por haber estado enfermo, sino porque aquella noche mostraba hasta dónde había llegado para evitar que Valeria lo abandonara.