Después señalé el segundo.
—Pero salvarle la vida no borra lo que hizo con ella. Ni lo que hizo conmigo. Ni el dinero. Ni las mentiras. Ni las deudas.
Teresa apretó los labios.
—¿Y Camila? ¿No necesita una familia completa?
—Tiene una familia.
—Pero Mauricio sigue siendo su padre.
—Y seguirá siéndolo. Nadie le está quitando ese lugar.
—Yo sigo siendo su abuela.
—También.
Teresa esperó algo más.
Quizá esperaba escuchar que ella seguía siendo como una madre para mí.
No lo dije.
Saqué del llavero la vieja llave de la casa donde había vivido con Mauricio.
La dejé caer dentro del termo rojo que Valeria me había devuelto.
El metal golpeó el fondo con un sonido seco.
Pequeño.
Pero para mí sonó como una puerta cerrándose.
Del otro lado de la calle estaban Camila y mi mamá.
Isabel todavía caminaba con apoyo después de la cirugía. Camila la sujetaba de una mano.