Terminé la llamada con las manos temblando, sabiendo que la verdadera guerra estaba por estallar, y lo que yo estaba a punto de hacer cambiaría nuestras vidas para siempre. Si Mateo creía que me iba a quedar cruzada de brazos, estaba muy equivocado. El verdadero infierno apenas iba a comenzar y lo iba a quemar todo.
PARTE 3
Esa misma tarde busqué a la Licenciada Mendoza, una abogada implacable que me recomendó una compañera del trabajo. Le puse sobre su escritorio el contrato de depósito falso, mis estados de cuenta y los comprobantes del millón de pesos que mi madre me había donado. La abogada fue tajante: el fraude estaba claro. Redactamos un documento legal para el señor Arturo, notificándole que yo jamás había autorizado la venta, que la firma era apócrifa y que bloqueaba rotundamente cualquier intento de enajenación del inmueble. Arturo, furioso, le exigió a Mateo la devolución inmediata de los 400 mil pesos bajo amenaza de demanda por fraude. Por supuesto, Mateo ya se había gastado el dinero pagando a proveedores.