—Amor, cámbiale el pañal a mi hermanito, ¿no? Y de paso ve a la cocina a hacernos algo de comer, mi mamá se siente mal.
Paola se detuvo en seco.
—¿Tú tienes las manos rotas o qué? ¿Quieres una esposa o estás buscando contratar a una sirvienta gratis para tu familia?
Mateo se ofendió, argumentando que en su casa las mujeres se apoyaban. Paola le regresó el anillo de compromiso ese mismo día y lo dejó. Le dijo una frase que resonó en la familia: “Yo valgo mucho para ser la chacha de un niño de mami”.
Esa ruptura destrozó el ego de Mateo. Por esos días, Don Roberto me llamó, sonaba cansado y enfermo. Me pidió, casi suplicando, ver a Mía. Acepté llevarla un domingo a la casa colonial en Puebla. Habían pasado casi dos años desde que salí de allí con mi maleta.