Me interpuse frente a ella.
—¿Por qué encerraste a Lucía en un congelador?
Su sonrisa desapareció apenas un instante.
—Julián, no exageres. Era un ejercicio de autorregulación emocional.
—¡Le pusiste un candado!
—Porque los niños necesitan límites. Había una cobija y estaba desconectado. Además, yo sé de educación infantil mucho más que tú.
Sentí una rabia que nunca había conocido.
—¡Mi hija casi se muere!
Teresa levantó la voz.
—¡Tu hija está viva! Deberías agradecer que alguien intenta corregir la mala educación que ustedes le están dando.
Entonces apareció Mariana.
—Mamá, ¿dejaste a mi hija encerrada y te fuiste a comer?
Teresa se acomodó el cabello.
—No iba a cancelar mis compromisos por otro berrinche.
Mi esposa retrocedió como si hubiera recibido una bofetada.
Los agentes se acercaron para hablar con Teresa. Ella exigió llamar a su abogado y aseguró que todo era una persecución contra sus métodos educativos.