Una de sus acompañantes, Beatriz, se quedó mirando el suelo.
Antes de marcharse, se acercó a mí.
—Julián… yo vi una fotografía esta mañana. Teresa la compartió en nuestro grupo de crianza. Dijo que era un ejemplo de disciplina exitosa.
—¿Qué fotografía?
Beatriz palideció.
—La de Lucía dentro del congelador.
Esa noche recibí un mensaje de una desconocida llamada Verónica Salcedo.
Decía:
“Fui cofundadora del programa de crianza de Teresa. Tengo documentos que pueden demostrar que sabía perfectamente el peligro de encerrar a un niño. Necesitamos hablar antes de su conferencia del sábado.”
Le mostré el mensaje a Mariana.
Ella permaneció inmóvil.
Después susurró:
—Julián, cuando tenía nueve años, mi madre me encerró durante horas en un clóset porque lloré en el funeral de mi abuelo.
La miré horrorizado.
—¿Por qué nunca me lo contaste?